Entrelazan migración, sexualidad y violencia en “Con llanto de cocodrilo”
- Cupi UAQ
- 9 may
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Fernando Jiménez y Daniela González comentaron novela de escritora Melania Pérez Ortiz, obra presentada en Museo de la Ciudad
Texto y fotos: Ana Claudia Álvarez

La violencia social, el patriarcado y la animalidad humana atravesaron la presentación de Con llanto de cocodrilo, novela de la escritora puertorriqueña Melanie Pérez Ortiz.
Acompañada por el análisis de Daniela González y Fernando Jiménez, así como la moderación de Aranzazú Núñez, la autora reflexionó sobre las relaciones entre violencia, sexualidad, migración y estructuras patriarcales.
Durante la conversación, Melanie explicó que el universo de la novela parte de una imagen del pantano como representación de los males de la sociedad.
“Construí mi propio infierno que es el pantano, que es la corrupción social y la violencia cotidiana”, señaló.
El cocodrilo, figura que atraviesa toda la obra, surgió “como provocación” después de escuchar la canción Llanto de cocodrilo, de Ray Barretto.
La escritora definió, además, a su protagonista como un personaje que rompe con los esquemas tradicionales de víctima.
“Ella funciona como un animal a partir de no dejarse controlar. Entonces por eso en vez de ser presa se vuelve también depredadora”, afirmó.
Esa idea derivó en una reflexión sobre las relaciones humanas: "Todos estamos depredándonos unos a otros en esta sociedad en la que vivimos, en este capitalismo que convierte a las personas en mercancías".
La presentación también abordó la dimensión de género presente en la novela. Para Daniela González, el conflicto de la protagonista con su familia representa “el rompimiento de las estructuras patriarcales con las que lucha durante toda la novela”.
Melanie añadió que el patriarcado no solo afecta a las mujeres, sino que “también es violento con los hombres porque te impone un mandato que tienen que vencer y que los destruye”.
La autora retomó el tema de la migración con una frase recurrente en las comunidades mexicoamericanas: “Yo no crucé la frontera, la frontera me cruzó a mí”.
Desde ahí cuestionó las divisiones que “han generado mucha violencia”. Para la escritora, la literatura permite imaginar formas distintas de convivencia y reconocer una humanidad compartida más allá de las fronteras nacionales.
Novela tiene vínculos con son huasteco y el EZLN
El diálogo también encontró resonancias con México a través de referencias al son jarocho y el son huasteco que se canta en las comunidades de la Sierra Gorda, así como en comunicados del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Fernando Jiménez recordó un mensaje atribuido al “subcomandante Marcos” en torno a las corridas de toros: “Las corridas de toro van a desaparecer. En el entretanto, l@s zapatistas más le aplaudimos al toro cuando, a pesar de las heridas, logra derribar al torero“.
Por otro lado, Jiménez describió la novela como “muy sexual” y vinculó el deseo con “una extensión del reino animal”.
Daniela González subrayó la presencia de “sexualidad no normativa”, mientras que la autora reveló que parte de la escritura nació de una serie de cuentos eróticos que trabajaba paralelamente a la novela. Según explicó, esa dimensión sexual está ligada a “su voluntad de ser cazadora y no presa”.



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