Cineasta relaciona Derechos Humanos de comunidad trans, respeto a lengua originaria y lucha colectiva, en documental
- Cupi UAQ
- 26 mar
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Actualizado: 27 mar
Texto: Arantza Hazel

Georgina, una mujer trans e indígena originaria de La Guajira, departamento costero en el norte de Colombia, es la protagonista del documental “Alma del desierto”, historia de su lucha en la legitimación de su identidad ante el Estado, después de 45 años de persistencia y recorridos desde el desierto hasta la Registraduría.
En 2016, Georgina también fue sobreviviente de un crimen de odio, en el que intentaron incendiar su casa y fulminar su vida. En ese mismo año, la cineasta se acercó por primera vez a la burbuja íntima de su resiliencia; cuando la encontró en una situación de profundo aislamiento dentro de su comunidad.
Recordó que en ese momento sobrevivía limpiando casas, lavando ropa y, en ocasiones, tejiendo.
Debido al reciente intento de transfeminicidio, el rodaje no estuvo exento de preocupaciones de seguridad.
En un inicio, Taboada recordó “no sabíamos quiénes habían sido, no sabíamos si ella estaba segura, si nosotros estábamos seguros totalmente, no queríamos romper ninguna regla interna en la comunidad. Ya hasta 2017 fue que nos aventuramos a salir de ese espacio y fuimos conociendo más a la comunidad [...] ellos dieron el primer paso”.
Respetaron la lengua wayuunaiki; buscaron cuidar detalles en traducción
La directora también habló del proceso de filmación en wayuunaiki, lengua del pueblo wayuu. Desde el inicio del proyecto se propusieron trabajar con el mayor grado de fidelidad posible.
Para ello, el equipo recurrió a distintos traductores a lo largo de los seis años de rodaje. Revisó incontables veces el material grabado y el corte final, con el propósito de cuidar la precisión de los subtítulos y preservar el sentido de lo dicho por las y los participantes.
Documental refleja cuando negaron cédula de identidad
Hacia el final de la cinta, Georgina formula la pregunta ‘¿hay más como yo?’. Según argumentó Taboada Tapia, esa frase surgió en 2018, en un contexto sin televisión, internet, periódicos, ni alfabetización en español.
La directora señaló que, aunque Georgina había construido con claridad su identidad y seguridad sobre la misma desde temprana edad, también deseaba saber si existían otras personas trans como ella en La Guajira.
“Sí hay personas como ella”, afirmó, aunque advirtió que son pocas las que alcanzan una edad como la suya, lo cual es consecuencia de la violencia ejercida hacia las personas trans.
Este material audiovisual deslumbra uno de los intentos institucionales por deslindarse de la responsabilidad de haberle negado la cédula de identidad a la protagonista durante años, pues cuando en un día común de la semana Georgina se acercó a solicitar su cédula de identidad, el personal le contesta: “lo suyo es el viernes”.
“Iba a llegar un conjunto de vallenato que iba a tocar, iba a haber medios de comunicación, era un evento para lavarle la cara a la entidad, donde le iban a hacer la entrega oficial a Georgina de la cédula con un montón de periodistas, con un montón de políticos, con música en un hotel”, destacó Taboada.
Documental relaciona violencia estructural con pobreza y territorio
Alma del desierto expone la violencia estructural que atraviesa la vida de las disidencias sexuales, no sólo en Colombia, sino en América Latina, en especial cuando esa experiencia se intersecciona con la etnia, la pobreza, el territorio y el abandono institucional.
Sobre la recepción de la película, Taboada Tapia señaló que, pese a que Alma del desierto fue uno de los documentales más vistos en Colombia el año pasado, su circulación en La Guajira ha sido limitada. Adelantó que será hasta este 2026 cuando la comunidad de Georgina pueda verla en una exhibición al aire libre.
La presentación del miércoles 25 de marzo abrió un espacio para hablar del proceso cinematográfico detrás del documental, y para reflexionar sobre las múltiples violencias que enfrentan las personas trans e indígenas en América Latina, así como la urgencia de construir relatos, archivos y memorias que las nombren desde su propia dignidad.



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